miércoles, 19 de noviembre de 2014

Restauración del Evangelio por medio de Jose Smith

Si el muchacho de al lado nos dice que Dios lo llamó para restaurar Su iglesia verdadera sobre la tierra, ¿le creerían? Probablemente no. Tampoco mucha gente de Nazaret creyó que su vecino, Jesucristo el carpintero, era el Mesías.
Tras siglos de confusión espiritual, la gente tenía una apremiante necesidad de conocer las verdades originales de Jesucristo. Cuando Dios escogió como Su mensajero a un joven de 14 años en 1820, la mayoría de las personas se rehusaron a escuchar. José Smith vivía en los Estados Unidos que era el único país que gozaba de libertad de culto en aquel momento. Su familia era sumamente religiosa y constantemente buscaba la verdad.
José tenía que decidir a cuál de las muchas sectas cristianas debía unirse. Después de estudiar detenidamente, José Smith aún se sentía confundido en cuanto a qué grupo cristiano debía unirse. Posteriormente escribió: “Eran tan grandes la confusión y la contención entre las diferentes denominaciones, que era imposible que una persona tan joven como yo, …llegase a una determinación precisa sobre quién tenía razón y quién no. …En medio de esta guerra de palabras y tumulto de opiniones, a menudo me decía a mí mismo: ¿Qué se puede hacer? ¿Cuál de todos estos grupos tiene razón; o están todos en error? Si uno de ellos es verdadero, ¿cuál es, y cómo podré saberlo? (José Smith—Historia 1:8, 10).
Él buscó guía en la Biblia. Y allí leyó, “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Santiago 1:5). Con una fe sencilla, eso fue justo lo que decidió hacer. En la primavera de 1820 José fue a una arboleda cercana a su casa y se arrodilló en oración. Él describió entonces su experiencia: “Vi una columna de luz, más brillante que el sol, directamente arriba de mi cabeza; y esta luz gradualmente descendió hasta descansar sobre mí… Al reposar sobre mí la luz, vi en el aire arriba de mí a dos Personajes, cuyo fulgor y gloria no admiten descripción. “Uno de ellos me habló, llamándome por mi nombre, y dijo, señalando al otro: Éste es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo!”. (José Smith—Historia 1:16–17). En la visión que tuvo se le aparecieron Dios el Padre y Su Hijo Jesucristo. El Salvador le dijo a José que no se uniera a ninguna de las Iglesias. Aunque en esa época muchas personas creían en Cristo y trataban de entender y enseñar Su Evangelio, no tenían la plenitud de la verdad ni la autoridad para bautizar y efectuar ordenanzas salvadoras. La visión marcó el comienzo de la restauración de la Iglesia de Jesucristo en la tierra, la cual Dios autorizó que se estableciera 10 años más tarde mediante José Smith, que para entonces ya tenía más experiencia y había recibido instrucción divina, permitiendo una vez más que todas las personas recibieran el gozo y las bendiciones que se reciben al vivir sus preceptos.




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